Veinte años dirigiendo equipos de balonmano me enseñaron que la resistencia nace en la disciplina diaria
Soy Hernán Valderrama, entrenador de balonmano y preparador físico en el altiplano cundiboyacense. Durante más de dos décadas he acompañado a jugadores que compiten en ligas departamentales y a deportistas veteranos que mantienen viva su pasión por el balón sin perder el ritmo competitivo.
El balonmano es un deporte de máxima exigencia táctica: saltos en suspensión, giros defensivos rápidos, cambios de dirección constantes y una coordinación de equipo milimétrica. A diferencia de las disciplinas individuales, en la cancha de balonmano no puedes esconder el cansancio; cada pase y cada bloqueo defensivo dependen de una mente despejada y una capacidad física sólida.
Con el paso de los años noté que los jugadores mayores de 40 años que seguían rindiendo con agilidad en los partidos de alta intensidad no eran aquellos que se sobreentrenaban hasta el agotamiento, sino los que cuidaban tres factores invisibles: la movilidad previa al partido, la hidratación limpia con electrolitos naturales y la calidad de los alimentos que llevaban a la mesa familiar.